CRÍTICA | SUPER MARIO GALAXY | CAOS CÓSMICO, VÉRTIGO Y UNA SECUELA QUE CASI SIEMPRE SABE LO QUE HACE
Hay franquicias que llegan a una segunda entrega con el único objetivo de repetir la fórmula, subir el volumen, agregar más colores, más personajes, más ruido, y confiar en que el entusiasmo previo haga el resto. Super Mario Galaxy hace algo un poco más interesante. Sí, es más grande, más rápida, más luminosa y más aparatosa que la primera, pero también entiende que llevar a Mario al espacio no consistía solo en cambiar el fondo del Reino Champiñón por un firmamento lleno de estrellas. Había que encontrar una nueva escala, una nueva sensación de aventura y, sobre todo, una nueva forma de traducir al cine ese asombro infantil que siempre ha acompañado a los mejores juegos de Mario, esa impresión de que detrás de cada puerta, de cada tubo y de cada planeta diminuto puede esconderse una idea visual encantadora o una trampa con sonrisa.