CRÍTICA: SCARLET, MAMORU HOSODA Y EL EXTRAÑO ESPECTÁCULO DE UNA CAÍDA
Scarlet, hija de un rey medieval asesinado tras una traición palaciega, cae también en la maquinaria de esa usurpación y termina envenenada, suspendida en un territorio intermedio entre la vida y la muerte. En ese mundo espectral, donde el tiempo no es lineal y donde conviven seres de épocas distintas, inicia una travesía guiada por el deseo de venganza y por la necesidad de regresar a su reino para ajustar cuentas con el tío que ha ocupado el trono. En ese recorrido se cruza con un joven enfermero procedente del Tokio contemporáneo, figura desplazada dentro de un universo regido por la guerra, la destrucción y la lógica del rencor. A partir de ese encuentro, la película intenta articular una reflexión sobre el odio heredado, el ciclo de la violencia y la posibilidad de elegir quiénes somos frente al peso de nuestra sangre, nuestra época y nuestras heridas.