CRÍTICA | HE-MAN: AMOS DEL UNIVERSO | HOLLYWOOD POR FIN NO ARRUINÓ NUESTRA INFANCIA

Publicado el 3 de junio de 2026, 19:05

Veredicto primero, para que no haya dudas: sí, vale la pena verla. Ahora te explico por qué.

Un tipo que de niño grababa sus propias películas de He-Man con la videocámara de su papá hoy tiene el control de un estudio completo para hacer lo mismo, pero en serio. Ese tipo es Travis Knight, y dirigir esta película no fue un trabajo cualquiera para él: fue cerrar un círculo de más de treinta años.

Y eso se nota porque esta película tiene algo que muchas adaptaciones actuales han perdido: cariño genuino por aquello que están adaptando.

Masters of the Universe no se avergüenza de ser una historia sobre un hombre musculoso que levanta una espada mágica, grita frente al cielo y pelea contra un esqueleto parlante. Tampoco intenta convertir esa idea en una tragedia solemne de cuatro horas. No quiere ser Nolan, no quiere ser oscura y tampoco pretende convencerte de que He-Man siempre fue Shakespeare.

Sabe que viene de una línea de juguetes, de una caricatura exagerada y de un universo donde conviven bárbaros, hechiceros, robots, naves espaciales y tigres gigantes. En lugar de ocultarlo, lo abraza.

La historia nos presenta a Adam como un príncipe perdido que creció en la Tierra, lejos de Eternia y desconectado de su verdadera identidad. Cuando la Espada del Poder vuelve a encontrarlo, debe regresar a un planeta dominado por Skeletor y aceptar que ser He-Man no significa únicamente tener músculos, sino decidir qué hacer con ese poder.

No es la historia más original del universo. Su estructura recuerda demasiado a Guardianes de la Galaxia, Thor: Ragnarok y prácticamente cualquier aventura contemporánea sobre un héroe que necesita descubrir quién es. Pero funciona porque detrás de toda esa maquinaria existe una película sobre pertenecer a algún lugar, reconciliarte con tu pasado y dejar de fingir que aquello que amas te avergüenza.

Lo primero que sorprende es Nicholas Galitzine. Un actor asociado principalmente con romances como Corazones malheridos, Rojo, blanco y sangre azul y La idea de ti se pone el arnés, levanta la espada y no se ve ridículo. Se ve convencido.

Galitzine entiende que Adam y He-Man no son exactamente la misma persona. Adam conserva cierta torpeza, inseguridad y vulnerabilidad; He-Man es la versión de sí mismo que finalmente deja de pedir permiso para ocupar espacio. Su interpretación no siempre tiene el carisma necesario y algunos momentos cómicos se sienten demasiado planos, pero físicamente cumple y, sobre todo, consigue que el personaje tenga humanidad.

Sin embargo, quien se roba la película es Jared Leto.

Leto desaparece detrás del maquillaje, la voz y los movimientos de Skeletor. Lo interpreta como si un villano de Shakespeare hubiera caído dentro de un videoclip de glam metal de los años ochenta. Es exagerado, teatral, peligroso, patético y completamente consciente de lo absurdo que resulta. Por primera vez en mucho tiempo, la extravagancia de Jared Leto no estorba: es exactamente lo que el personaje necesita.

Idris Elba aporta cansancio, nobleza y presencia como Man-At-Arms. Camila Mendes convierte a Teela en buena parte del músculo narrativo de la aventura. Alison Brie entiende perfectamente el tono de Evil-Lyn y disfruta cada oportunidad de ser ambiciosa, manipuladora y deliciosamente malvada.

Visualmente, la película también acierta más de lo que falla. Eternia parece la portada de un disco de heavy metal convertida en un parque de diversiones. Las armaduras, criaturas, colores y escenarios respetan la iconografía original sin limitarse a copiar plástico. Las batallas están llenas de personajes utilizando simultáneamente sus armas y poderes, y la música de Daniel Pemberton, reforzada por las guitarras de Brian May, le da al espectáculo la energía que necesita.

Pero no todo funciona.

La película dura más de lo necesario. Hay chistes que interrumpen escenas que necesitaban respirar, algunos efectos digitales no están completamente terminados y, por momentos, la historia parece tener miedo de tomarse en serio. Cada vez que está a punto de producir una emoción auténtica, alguien hace una broma para recordarnos que todo esto es ridículo.

Ese mecanismo funciona varias veces. Después comienza a cansar.

También se nota que quiere iniciar una franquicia. Hay personajes, referencias y promesas para futuras películas que distraen de la aventura que estamos viendo. Incluso Battle Cat termina teniendo menos presencia de la que uno esperaría.

En cambio, el cameo de Dolph Lundgren está bien utilizado. No es solamente el actor de 1987 apareciendo para provocar aplausos. Es un pequeño momento de reconocimiento entre dos generaciones: el antiguo He-Man entregándole simbólicamente la espada al nuevo.

¿Es perfecta? No.

¿Es una de las mejores películas del año? Tampoco.

Pero ¿es una de las adaptaciones de juguetes más honestas, coloridas y disfrutables que Hollywood ha producido en mucho tiempo? Totalmente.

Masters of the Universe entiende que la nostalgia no consiste únicamente en mostrarte algo que reconoces. Consiste en recuperar la sensación que aquello provocaba cuando eras niño.

Un tipo que de pequeño grababa sus propias películas de He-Man con la videocámara de su papá finalmente hizo una de verdad.

Y contra todo pronóstico, le quedó bastante bien.

La anécdota de la videocámara fue contada por el propio Travis Knight durante la conferencia de prensa; el cameo de Dolph Lundgren funciona deliberadamente como un relevo generacional.