20TH CENTURY STUDIOS | EL DIABLO VISTE A LA MODA 2 ARRANCÓ EN CIUDAD DE MÉXICO, ENTRE LA CASA AZUL Y LA ALTA COSTURA

Publicado el 6 de abril de 2026, 21:17

Había una manera bastante obvia de presentar El diablo viste a la moda 2: alquilar un hotel impecable, encender unas luces blancas, desplegar un photocall y dejar que el reparto hiciera lo que las estrellas hacen cuando una secuela millonaria necesita recordar que existe. 20th Century Studios eligió otra ruta. Mandó a Meryl Streep y Anne Hathaway a la Casa Azul, luego al Anahuacalli, y convirtió el arranque del tour global de la película en una operación donde la moda, el museo, la celebridad y el patrimonio cultural mexicano quedaron cosidos dentro del mismo vestido promocional. La primera parada del recorrido mundial de la secuela ocurrió en Ciudad de México el 31 de marzo, con visita al Museo Frida Kahlo “Casa Azul” y al Museo Anahuacalli, antes de un desfile especial ligado a la película.

La elección de la Casa Azul no fue exactamente sutil, pero sí eficaz. El edificio, reconocible por ese azul que en el universo de la primera película quedó adherido a uno de sus momentos más citados, ofrecía la clase de simetría cromática que un departamento de marketing no deja pasar. Allí, Streep y Hathaway recorrieron la colección de vestidos y accesorios de Frida Kahlo, posaron dentro del museo y compartieron detalles de la secuela. Es difícil imaginar una maniobra más precisa para fundir dos tipos de prestigio que el siglo XXI ya casi nunca separa del todo: el de la obra convertida en icono pop y el del recinto convertido en emblema cultural.

Luego vino el Museo Anahuacalli, que Diego Rivera diseñó como una fortaleza volcánica para contener su colección prehispánica y que, durante unas horas, quedó absorbido por otra religión bastante contemporánea: la de las franquicias con buen vestuario. Allí se realizó, en el marco de Fashion Week México, un desfile inspirado en El diablo viste a la moda 2 con la participación de 20 diseñadores mexicanos y la asistencia de más de 400 celebridades, medios, fans y creadores de contenido. El cierre llegó con la aparición de Streep y Hathaway en el saludo final y con la presentación de un adelanto exclusivo de la película. Dicho de otro modo: no se limitó a ser una premiere con invitados, sino una pequeña escenificación del poder de la marca Devil Wears Prada, todavía capaz de vestir un museo, llenar una pasarela y convertir la promoción en acontecimiento.

No deja de tener lógica. La primera película, estrenada en 2006, terminó ocupando un lugar extraño y privilegiado dentro de la cultura popular: no fue solo un éxito, sino una pieza de vocabulario social. Mucha gente no recuerda exactamente qué comió ayer, pero sí recuerda la lección de suéteres azules de Miranda Priestly. La secuela llega casi veinte años después y recupera a Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci, además del director David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna, es decir, la estructura central de la maquinaria original. El sitio oficial de 20th Century Studios confirma también la incorporación de Kenneth Branagh, Simone Ashley, Justin Theroux, Lucy Liu, Patrick Brammall, Caleb Hearon, Helen J. Shen, Pauline Chalamet, B.J. Novak y Conrad Ricamora, junto con el regreso de Tracie Thoms y Tibor Feldman.

Eso último importa más de lo que parece. Las secuelas tardías suelen vivir de dos combustibles: la memoria del público y el pánico del estudio a llegar demasiado tarde. Aquí hay algo más sólido: un reparto que no necesita ser presentado, un universo reconocible y una iconografía que sobrevivió a la mutación de revistas a plataformas, de editoriales impresas a algoritmos, de crítica de moda a cultura del clip. En 2006, Runway funcionaba como sátira del mundo editorial. En 2026, regresa a una industria del estilo donde la pasarela, el contenido, la autopromoción y la personalidad de marca ya colapsaron unas dentro de otras. Que la película vuelva ahora no es casualidad; es casi una admisión de que el mundo terminó por parecerse un poco más a ella. Ese mismo sitio oficial fija el estreno de la cinta para el 1 de mayo de 2026 en Estados Unidos, mientras la nota de prensa latinoamericana comunica su llegada exclusiva a cines el 30 de abril de 2026 en la región.

También hay algo discretamente revelador en que el tour mundial haya comenzado en México. Durante mucho tiempo, la lógica del entretenimiento global consistía en lanzar primero en el norte y dejar que el resto del planeta esperara su turno, agradecido. Esa jerarquía lleva años crujiendo. Hoy, iniciar una campaña internacional en Ciudad de México no es un gesto de amabilidad periférica, sino una lectura bastante pragmática del mercado: la región dejó de ser apéndice y pasó a ser plaza de primera línea, sobre todo cuando se trata de películas que viven tanto de la conversación como de la taquilla. Una secuela como esta no solo quiere vender boletos; quiere reinstalarse como tema, como aspiración, como imagen compartible y como evento de temporada. Para eso, pocas ciudades ayudan tanto como una que sabe convertir moda, cine, celebridad y museo en una sola fotografía.

Así que no, esto no fue simplemente un paseo turístico de Meryl Streep y Anne Hathaway por dos recintos emblemáticos. Fue una declaración de intenciones. El diablo viste a la moda 2 quiere presentarse no como reliquia simpática de los dosmiles, sino como artefacto cultural todavía vigente, todavía deseable, todavía capaz de tomar una ciudad entera, vestirla de gala y recordarle al público que algunas marcas no envejecen: solo aprenden a posar mejor.